22 feb. 2010

Infantilismo político

Los políticos tienen un control, pero no somos los ciudadanos, pues nos dejaron sin instrumentos, sino su propio egoísmo: ya le ocurrió al PAN cuando se opuso a la reforma energética de Zedillo, y ahora el PRI le mete zancadilla a la misma propuesta. El asunto, vil y egoísta, es: ¿vas a poder gobernar con los derrotados diciéndote NO a todo? Comprender algo tan sencillo topa con un obstáculo: la minoría de edad mental en pueblo y políticos.
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La culpa también es nuestra. Para justificarnos hemos construido algunas mentiras patrióticas:
Una, aceptada sin discusión, es que el pueblo es bueno, pero lo gobiernan políticos malos. Falsas ambas. Nuestros políticos no caen de Marte, son simples mexicanos con poder añadido. Son la misma ralea que los vecinos escandalosos, la gente en auto con música al volumen de convite para anunciar circos, los que han quemado vivos a jóvenes agentes de seguridad en Tláhuac, DF, y a ladrones, los que tiran su basura desde el auto o el camión.

Otra falsedad: Que los partidos políticos representan la rica pluralidad multicolor del pueblo mexicano. Mentira. Muchos son descarados negocios familiares guiados por oportunistas, trepadores, buitres carroñeros a la expectativa del poder, que frenan toda iniciativa para adornar con ella una futura presidencia en la que ya se ven. Saben lo que es necesario, pero lo dejan para cuando ellos lleguen al poder. Así lo gritó con todas sus letras Obrador a los asombrados legisladores del PRD que quisieron tratar el asunto de Pemex: ¡¡¡A favor de Pemex nada... Ya lo arreglaré yo cuando sea presidente!!!

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