20 jun. 2010

Carlos Monsiváis: El gran murmurador

El de la voz declara:



Que nunca le ha entendido a Carlos Monsiváis, ni cuando habla ni cuando escribe. Cuando habla, por problemas de fonética; cuando escribe, por su prosa pétrea, plúmbea, difícil de desembrollar; y que, cuando uno se toma esos trabajos, descubre que no valía la pena: no era sino otra cuchufleta muy alambicada.

Que siempre ha intentado leerlo, puntualmente y sin falta. Ha comenzado casi todos sus libros, y sus artículos también. No los termina porque lo derrota la creciente convicción de que toda esa retorcida sintaxis no es producto irremediable de dificultades conceptuales y sólo conduce a la gris planicie de otro chistorete. Es decir, el apuro del lector no proviene de la materia; no es que, digamos, trate uno de desentrañar un artículo de Feynman sobre el positrón o, ya de perdida, uno de Lacan o de esos franceses pesaditos tan alabados en universidades de Nueva York. No: el problema es que, una vez cumplido el arduo análisis, resultan escopetazos contra moscas o contra lobos ya muertos.

Que lleva casi cuarenta años tratando de desentrañar el significado de los siguientes párrafos en los textos más celebrados del Cronista: “La manifestación sería democrática. Tal era el carácter del Movimiento Estudiantil y todo se ajustaba a ese designio”. ¿A cuál designio? ¿Cómo es democrático un hecho que no comenzó a existir sino con esa manifestación, la encabezada por el rector de la UNAM? Otro más: “Unos días antes, el 22 de julio, dos pandillas, los Ciudadelos y los Arañas, obligaron al encuentro de estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 con alumnos de la Preparatoria Particular ‘Isaac Ochoterena’. Al día siguiente el pleito continúa...” ¿Cuál pleito? ¿No era un encuentro de estudiantes?

...En cambio, me han producido carcajadas algunos de los ditirambos cantados en su loor. Uno fue el de Sergio Pitol en El arte de la fuga, luego repetido en Milenio: son ambos veinteañeros y salen de una librería del centro cargados de libros, cruzan la Alameda (la A-la-me-da, of all places!), y mientras vuelan sobre ese pantano sólo hablan de los hallazgos adquiridos, no recuerdo: Schwob, Browning, quizá Mann, Broch, revistas inglesas. Y nunca ven ni comentan nada, veinteañeros castísimos, aves que cruzan la Alameda y no se manchan.

Y sí, el plumaje de Monsiváis es de esos. ~



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Otra mirada a Monsiváis (R.I.P)

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