18 ago. 2008

El medallista que desafió al presidente

Una historia sorprendente (con motivos de las olimpiadas). Luego nos preguntamos porque hemos ganado tan pocas medallas. La historia completa aqui en El Universal.

El Presidente cancela el viaje
Finales de febrero de 1948...

Se apresta, el equipo mexicano de equitación, a partir hacia la última gira previa a los Juegos Olímpicos de Londres. Será por pistas europeas.

Pero, sorpresivamente, el teniente coronel Humberto Mariles -al frente del grupo- es requerido por el presidente Miguel Alemán.

Dice éste, con fría voz que hiela la sangre del militar:

-Sabe usted, teniente coronel, que el viaje se cancela”.

Sorprendido por la noticia, visiblemente molesto, pregunta Mariles:

-¿Puedo saber por qué, señor Presidente?”

Responde, lacónico, el mandatario:

-No pueden ganar...

Y se refiere entonces, despectivamente, al tan orgullo de Mariles:

-No pueden ganar con esas carretas de caballos, con ese tuerto...

Se irrita Mariles con el insulto a Arete. Intenta una protesta:

-Con todo respeto, señor Presidente, pero...

Interrumpe, terminante, el hombre del poder:

-¡Es todo, teniente coronel!

Se cuadra el militar y pide permiso para tirarse.

-Adelante.

Mariles ya tiene todo arreglado para el viaje. Ha cubierto los gastos. El equipo reeditado para cada competencia europea incluyendo, por supuesto, la olímpica. Los trailers ya están listos para salir hacia el puerto Galveston. Es, ni más ni menos, la culminación de 12 años de trabajo; el toque final de una larguisima preparación con miras a competir en unos Juegos Olímpicos.

Así que determinado a todo con tal de no fracasar en la empresa, Mariles recurre al expresidente Manuel Avila Camacho, quien le profesa especial afecto, y a quien solicita interceda por él. Telefónicamente, Avila Camacho y Alemán acuerdan encontrase ese fin de semana.

Pero apenas es martes e intuyendo que será muy difícil que el presidente Alemán acceda a la petición que le hará el hombre a quien sucede en el mando del país, toma Mariles una brava decisión: se va. No espera. Pone en orden sus cosas, se reúne con los demás miembros del equipo y les informa lo que ocurre. El grupo se solidariza con él: irán todos, pase lo que pase. Sólo pone Mariles una condición: la responsabilidad será totalmente suya. Si algo sucede, si algo va mal, será sólo él quien pague las consecuencias. El equipo ecuestre mexicano, considerado ya en el medio como una de las posibles sorpresas en Londres, parte a Nueva York y antes de embarcarse hacia Italia, compite en Toronto, gana cinco de seis pruebas y es campeón del concurso Cóndor.

Al llegar a Roma, Mariles es esperado por el embajador Antonio Armendáriz, quien ha reclamado su inmediata presencia. El se reporta al instante. Y entonces, el diplomático tiene que olvidar la vieja amistad que lo une al militar y le informa, con gran pesar:

-Perdóneme, don Humberto, pero mejor regrese a México. Tenemos una orden de aprehensión contra usted. Se le acusa de desacato a la autoridad, peculado, deserción y de otras cosas. Vuelva, se lo suplico.

Responde Mariles, enmarcando sus palabras en una dura sonrisa:

-No, señor embajador; lo siento, pero no regreso. Ya estoy aquí. ¿Cómo hacerlo? Mire, mejor hablamos mañana.

Al día siguiente está programada, en la capital italiana, la importante prueba de fuerza, dentro del tradicional Concorso Ippico Internazionale.

Federico El Pollo Franco, veterinario del equipo, trabaja con ahínco toda esa tarde, toda esa noche, y deja listos para la competencia a aquellos caballos casi muertos por el largo viaje.

Y son a partir de ese primero de mayo, cuatro jornadas de rotundo éxito del equipo mexicano que, finalmente, es recibido por su Santidad el papa Pío XII, el día diez. También él felicita al grupo de caballistas. Los teletipos hacen volar la noticia.

Miguel Alemán va olvidando su enojo.

Más victorias para el equipo, ahora en Suiza y finalmente, la lluvia de medallas en los Juegos Olímpicos londinenses...

Y una singular llamada telefónica para felicitar a Mariles y a su grupo: la que hace, desde México, el presidente Miguel Alemán Valdés.

Una serie de acusaciones ha sido ya retirada.

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